11.8.12

Pago por contar, de Nicolás Hochman


Pago por contar
Texto: Nicolás Hochman / Imagen: Leticia Paolantonio

Les cuento un secreto: tenía 8 ó 9 años y vivía con mi familia en Belgrano, pero mis viejos fantaseaban con que nos mudáramos a Bariloche y pusiéramos una hostería, escapándonos de la enquilombada Buenos Aires. Un tiempo antes se había ido para allá Marta, mi maestra de primer grado. Por esos contactos que todavía hoy no entiendo bien, en mi primer viaje al sur teníamos que pasar por su casa en la montaña a llevarle un bolso con cosas que una amiga suya había dejado en el departamento, para que se lo alcanzáramos. La señora que trajo el bolso le dijo a mi mamá que en el bolsillo había doscientos dólares, que en esa época era un dineral.
Yo no estaba seguro de querer mudarme, pero en cuanto me quedé solo saqué esa plata y, sin entender muy bien por qué, la escondí atrás de los doce tomos de la enciclopedia Salvat. Lleno de adrenalina (era un nene bueno), me quedé pensando que ahí cualquiera podía encontrarla. Así que, más intrépido todavía, salí al balcón y puse los billetes abajo de una maceta. Pero pensé que ahí se podían volar con el viento, y que eso me delataría. Cinco segundos después había tirado doscientos dólares por la ventana desde nuestro tercer piso. 




Si querés terminar de leer el artículo, lo podés encontrar en http://casquivana.com.ar/casquivana.html (páginas 14-15). 

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