8.8.12

Jornadas Internacionales de Filosofía y Ciencias Sociales


Se organizan en Mar del Plata las primeras Jornadas Internacionales de Filosofía y Ciencias Sociales: “Estado, Cultura y desarrollo: entre la utopía y la crítica”. Van a ser el 23 y 24 de agosto, en Guido 3248 (Aulas I y II) y calle Roca 3865 (Salón), ADUM.
Exponen autores de Argentina, Brasil, Colombia, Ecuador, Perú, Venezuela, México y Eslovaquia.
¿El programa y otros datos? Acá: http://www.jifycs.blogspot.com.ar/


7.8.12

Confesionarios improvisados, de Agustín Dellepiane


Fragmento de “Confesionarios improvisados”
Texto: Agustín Dellepiane / Imagen: Lucila Valentini

No se sabe bien por qué, si es que los confesionarios más “institucionalizados” donde usualmente atienden los curas, los psicólogos, los psiquiatras, los abogados, no alcanzan, perdieron legitimidad o simplemente no funcionan para todos. Lo cierto es que, hoy en día (o quizás siempre), en el lugar menos pensado alguien arma un confesionario improvisado. Así, peluqueras, depiladoras, taxistas, deben recibir una confesión que pide a gritos salir de la boca de sus clientes, y con ella también absorben su poderosa carga afectiva.
Para realizar esta nota recurrí a un terreno poco explorado y en el que se ve con mayor crudeza la relación Consumidor - Prestador de Servicio, que pareciera ser el cimiento donde se sostienen estos confesionarios. Aquí, la entrevista a una trabajadora sexual, más conocida popularmente como prostituta, que pertenece a AMMAR (Asociación de Mujeres Meretrices de la Argentina).

AD: ¿Qué tipo de confesiones te hacen tus clientes?

TS: Los hombres me cuentan sus intimidades. Sus gustos sexuales, la calentura con la secretaria. Me hablan de cosas que con sus mujeres no harían: los juguetes, el cambio de roles o un simple pete que no le piden desde que esos labios besan a sus hijos. Además, a veces hacen catarsis: cuentan los problemas del trabajo, problemas con los socios, que en vez de decirle todo eso a ellos se enojan conmigo. No me pegan sino que descargan esa bronca hablando. Me dice: “Mi socio me re caga. No sabe hacer nada y se lleva la misma plata”. Le digo: “Eso te pasa porque sos buena persona”. Y él concluye: “Sí, yo soy bueno”. En general, les doy música para sus oídos.

AD: ¿Hay algún otro tipo de confesión?

TS: Si, por ejemplo: una noche un muchacho de unos treinta y pico de años me levantó en la esquina y me llevó al hotel. Yo sabía que quería hablar y no otra cosa porque no quiso que me desvistiese. Entonces, me largó que se había peleado con su mujer y que se iban a separar y no paraba de hablar. El tipo buscaba la mirada de una mujer. Así que le pregunté si la quería. Él me contestó que sí. Y yo le recomendé que la invitase a tomar algo porque a veces en la casa es difícil hablar, más ellos que tenían hijos. Una salida, por ahí, les posibilitaba escucharse. Si la mujer le gritaba quizás era porque le quería decir algo. Varios meses después me levantó la misma camioneta. Yo no sabía que era él porque me encuentro a mucha gente por día. La cuestión es que, arriba de su camioneta, me ofreció la misma plata que la otra vez (era bastante) y me dio las gracias porque yo lo ayudé a salvar su matrimonio. Y se fue. 


Si querés terminar de leer el artículo, lo podés encontrar en http://casquivana.com.ar/casquivana.html (páginas 12-13). 

6.8.12

Vómito de perro. Sobre la confesión imposible, de Darío Sztajnszrajber


Vómito de perro. Sobre la confesión imposible (fragmento)
Texto: Darío Sztajnszrajber / Imagen: Ángela Astrid

Dicen que la palabra sana, pero a mí las palabras me dan miedo. Dicen que hay que buscar las configuraciones invisibles, pero a mí las construcciones lingüísticas me esclavizan, me someten, me abochornan. Recorrer el habla para poder escuchar no su sentido, sino su sonido. Recorrer el habla no para, o sea recorrerla para nada. ¿Pero por qué la palabra siempre abre nuevas significaciones? ¿Por qué la palabra reproduce más palabras que intentan dar sentido con palabras a lo que se supone que implica otro sentido, otras palabras que no son las que se muestran? Anhelo ese Edén donde las palabras reflejaban la verdadera naturaleza de las cosas, aunque siempre me quedará el sinsabor de no haber podido clasificar a la palabra como una cosa. La palabra no es una cosa, pero las cosas se nos presentan como palabras. Un mundo siempre asimétrico que nos exige poner orden. ¿Pero no es el orden un castigo? En definitiva, ¿qué es una palabra? Si ya la privamos de todo realismo, ¿no es todo lenguaje en algún sentido una confesión? ¿Y no es toda confesión, en otro sentido, la sustanciación de esta puesta que somos y que pretende incesantemente romper la dicotomía entre lo verdadero y lo falso? Pero hay algo peor (o mejor): ¿no es toda confesión, en última instancia, una manera de pedir perdón? Así la ciencia pide perdón por la manipulación de la naturaleza y así el arte pide perdón por hacernos digeribles los sinsentidos. Así la política pide perdón por ocultar las injusticias originarias y así la religión pide perdón porque no hay perdón. No, no lo hay. Nadie termina nunca de salirse de sí mismo, nadie se expropia. Nadie perdona dice Derrida lo imperdonable y por eso el perdón es imposible. Dar es imposible. Los vínculos son imposibles. Lo único posible parece terminar siendo esta podredumbre que se interioriza en este olor que algunos llaman el yo. Es que la confesión nunca arranca las entrañas, no es entrañable. Nada es entrañable, sino que lo que duele y lo que goza siempre es del otro. La confesión es para otro.



Si querés terminar de leer el artículo, lo podés encontrar en http://casquivana.com.ar/casquivana.html (páginas 6-7). 

4.8.12

Confieso que he lucrado, de Clara Anich

Confieso que he lucrado
Texto: Clara Anich / Imagen: Hernán Zaccaría

Según Steve Jobs “Al final todo se reduce a tratar de estar expuestos a las mejores obras de los seres humanos y después tratar de incluirlas en lo que tú estás haciendo (…) Picasso tenía un dicho: ‘Los artistas buenos copian y los artistas geniales roban’, y nosotros nunca hemos tenido reparo alguno en robar ideas geniales”.
El producto es una aplicación de Lilltle I Apps, una compañía de los hermanos Chip y Patrick Leinen –dos jóvenes católicos de South Bend, Indiana– que hicieron para Apple, porque qué mejor que copiar el servicio de una de las grandes industrias de la historia.
Confession: A roman catholic App – Confesión: una aplicación católica romana – es un aplicación que se puede descargar por 1,99 dólares o 1,59 euros para ipad, ipod Touch y iphone desde Apple Store.
Uno podría preguntarse qué necesidad tiene Apple de incluir una aplicación como esta. ¿Sólo el afán de seguir sumando usuarios-fanáticos y seguir confirmándose como el gran producto de elite para las masas? O ¿es que cada céntimo importa?


Si querés terminar de leer el artículo, lo podés encontrar en http://casquivana.com.ar/casquivana.html (página 10).

3.8.12

Así empezó Selva Almada


Así empecé yo
Selva Almada

Siempre sentí admiración por los coleccionistas: alguien que se interesa por algún objeto en particular y se dedica durante años a rastrearlo y atesorarlo en todas sus variantes. Me admira la paciencia y la obstinación de los coleccionistas, cualidades que yo no tengo. De chica intenté con las estampillas, las marquillas de cigarrillos y hasta las figuritas con brillantina (todo con elle ahora que me doy cuenta), y siempre abandoné rápidamente con unos pocos ejemplares de cada cosa en mi haber. Pero los coleccionistas siguieron llamando mi atención, seguí envidiando su chifladura.
Hace un par de años me agarró algo parecido a ese afán con los libros de Erskine Caldwell, enorme escritor norteamericano, best seller en los años cuarenta y cincuenta, que dejó de leerse y de publicarse –no sé cuál de las dos cosas habrá venido antes. Un día, mi amigo Sebastián Pandolfelli me dejó un ejemplar arruinadísimo de El camino del tabaco, con la única explicación: vos tenés que leer esto. Me gustó tanto esa novela que te hace hervir la sangre de nuevo, que le dije a Seba que quería más de eso. Qué viva, yo también: pero es inconseguible, me dijo. Así que entre los dos nos pusimos a la caza de Caldwell.
Las librerías de viejo volvieron a tener sentido para mí. Terminar estornudando, moqueando y con las yemas duras de hurgar en estantes y cajones buscando un Caldwell. Encontramos unos cuantos. Varios El camino del tabaco que seguimos comprando para prestarla, porque es casi una misión evangelizadora para nosotros que mucha gente la lea. Y otras novelas y colecciones de cuentos.
Hace poco una editorial española empezó a editar unas cuantas obras suyas, incluso se consiguen en las librerías de acá. Pero no es lo mismo: nosotros solo buscamos al viejo Erskine Caldwell, de hojas amarillas y quebradizas y olor a gente que no conoceremos nunca.

En http://casquivana.com.ar/ (página 34)

2.8.12

A lo que nunca se animó Martín Kohan


A lo que nunca me animé
Martín Kohan
en http://casquivana.com.ar/ (página 30)

Yo nunca me animo a nada. Nunca me animo y nunca me animé, a nada en absoluto. De todas las formas posibles de encarar la vida, la de animarse es desde siempre una de las que menos me ha interesado. Admiro en cambio a aquellos que desisten, a los que renuncian, a los que desertan; los admiro mucho más que a aquellos que meramente se animan. Mi sentido de lo heroico no se nutre de osadías; creo más, aunque tampoco esté a la altura, en un heroísmo de la indiferencia y el apartamiento.
Yo no me animo, más bien me desanimo; ésa es mi circunstancia más habitual. Y es así como siguen su transcurso sin mí, perfectamente sin mí, el rifting y el aladeltismo, que nunca practiqué ni practicaré; el mondongo y el pulpo a la gallega y los manjares de otras latitudes del planeta, que nunca probé ni probaré; los caballos brillosos y tensos, que nunca monté ni montaré; las orgías surtidas y extensas, a las que nunca concurrí ni concurriré.
¿Por qué es, porque no me animo? ¿O, en verdad, porque no quiero? A mí esa distinción me importa y mucho. Porque nunca me convenció demasiado la conexión que puede establecerse entre desear y animarse. Tiendo a suponer, por el contrario, que el deseo cuando es auténtico se basta a sí mismo para dar impulso. No creo que necesite de esa ayuda suplementaria que consiste en animarse. Las cosas que yo he deseado, si bien son pocas y más bien discretas, las tuve o las hice sin valerme de otra cosa que la potencia de ese mismo deseo. Nunca tuve que animarme para hacer lo que quería. Y si había que animarse, si hacía falta animarse, yo siempre lo interpreté, y a mi juicio sin error, como una señal acabada de la insuficiencia de mi deseo, de que eso que estaba queriendo no lo estaba queriendo de verdad.
No obstante, la otra noche estuve con tres o cuatro personas que fueron a un frente de guerra y volvieron para contarlo. A veces tengo la impresión de que hay algo en eso que me atrae: disparar desde un avión o con fuego de metralla o con mira telescópica. En resumen, poder matar, sin culpa ni contravención, a otra o a otras personas. ¿Lo deseo? A veces pienso que sí. ¿Y me animo? Casi siempre siento que no.

1.8.12

Alejandría de agosto


La noche de Alejandría del martes 7 de agosto va a estar muy, muy buena. Leen

Marcelo Figueras (autor de La batalla del calentamiento,
Kamtchatka, El muchacho peronista y Aquarium)
Juan Faerman
Sergio Varela
Eugenia Corio
Nicolás Hochman


Hernán Zaccaría va a hacer en tiempo real una caricatura en vivo de Haruki Murakami
Muchos chimentos y novedades sobre la Convocatoria Itaú de Cuento Digital
Sorteo de libros y el dibujo de Murakami
Buen vino tinto corriendo toda la noche

Martes 7 de agosto, 19:30
Librería Fedro (Carlos Calvo 578, San Telmo)
Entrada libre y gratuita

FB: Grupo Alejandría

Ser escritor, de Abelardo Castillo


Ser escritor, de Abelardo Castillo
Seix Barral, Buenos Aires, 2007

Con acidez, genio y un conocimiento filosófico asombroso, el autor habla de la escritura, de escritores y literatura. Desacraliza conceptos y opina. “El sentido de la literatura es imaginarle un sentido al mundo y, por lo tanto, al escritor que la escribe”.
Castillo habla de Borges, Cortázar, Arlt, Bioy, Poe, Sastre, escritores que admira y también otros que detesta. Se confiesa como un joven de los sesenta, se atreve a cuestionar el mercado literario y habla de la profesión del escritor. Una perla para tener en cuenta: “Esto es lo que yo llamaría mi Regla de Oro de la literatura: una clase de mi profesor de castellano, los ojos del viejo búho que me recomendó aprender a escribir antes de tener estilo, las putas de Guillén, y el sillón de Marechal”.


Cristina Ibáñez

“El chico de la bicicleta”


“El chico de la bicicleta”. Dirección: Hermanos Dardenne.  Intérpretes: C. de France, T. Doret, J. Reñiré.

En este film, la problemática social que nos proponen los hermanos Dardenne está mediatizada por una mirada esperanzadora que la diferencia de sus film anteriores. (“Rosetta”, “La Promesa”, “El niño”). Cyril es un chico de 11 años que está en un hogar abierto y no quiere perder contacto con su padre, que lo abandonó. Desesperado, insiste, constantemente  en comunicarse con él y quiere encontrarse con su bicicleta. Su padre la vendió y ese gesto es más fuerte que el abandono en el hogar. Y no parará hasta encontrarlos. Ni los asistentes sociales ni la peluquera que acepta tenerlo con ella los fines de semana pueden contener la furia de este niño, que se transmite en su andar sobre la bicicleta. Los directores acompañan con su cámara y pueden retratar esa violencia infantil que no tiene ni un gramo de golpe bajo ni de miserabilidad, pero que es terrible. Con el tiempo, Cyril aprenderá a modificar sus conductas; también los que lo rodean, que no son tan santos ni impolutos.
Una historia cargada de violencia, contada poéticamente.

Cristina Ibáñez

31.7.12

Alejandría en Casa de Letras

El Grupo Alejandría y la generación de las lecturas
Entrevista pública
Coordina: Elsa Drucaroff
Participan: Clara Anich, Nicolás Hochman, Yair Magrino y Edgardo Scott


El Grupo Alejandría, fundado hacia fines de 2004, uno de los iniciadores del movimiento de las lecturas y ciclos literarios de Buenos Aires, será entrevistado por Elsa Drucaroff, autora del ensayo Los prisioneros de la torre (política, relatos y jóvenes en la post-dictadura). Los integrantes de Alejandría van a hablar de la historia del grupo, su experiencia de más de ocho años en la organización de lecturas públicas autogestivas, y sus proyectos, tanto colectivos como individuales.

Martes 31 de julio, 19:45
Casa de Letras
Perú 375, piso 8, San Telmo